Una historia de bancos
En España hasta la década de los ´80 del siglo pasado los bancos y cajas de ahorros prácticamente basaban todo su negocio en añadir, al precio que lo obtenían, un fuerte diferencial al cliente final. Y cuando comenzó a existir un mercado financiero nacional se dedicaban casi exclusivamente a negociar con otras entidades el tomar dinero si lo necesitaban y prestarlo si les sobraba y esa misma simplicidad servía también para el negocio en divisas, bolsa, deuda… Poco a poco algunos decidieron potenciar las tesorerías viendo que también se podían intentar tomar posiciones y aprovechar la existencia de precios en tantos productos para intentar ganar más. Si el tesorero de turno creía que los tipos de interés iban a subir, vendían deuda, si pensaba que el franco se iba a fortalecer, compraba francos, si esperaba subidas en bolsa, pues a acumular acciones…Pero entonces los bancos extranjeros, sin apenas clientes españoles ni red de sucursales pero con ideas que procedían de los mercados –mucho más desarrollados- de sus países de origen aplicaron la ingeniería financiera básica para obtener, sin apenas riesgo, un beneficio constante.
La palabra mágica era “arbitraje”: si se conseguía un beneficio utilizando diferentes productos y contrapartidas sin tener que asumir ningún riesgo direccional, mejor que mejor. Eso era fácil en aquellos años en los que sólo unos pocos conocían los productos y las fórmulas y el resto ni siquiera tenía interés en ello. Aprovechando la evidente falta de cultura financiera de las contrapartidas hispanas –no sólo de cajas, también de bancos grandes-, arbitraban contras ellas. El mercado estaba tan poco evolucionado que si la caja X –por ejemplo- compraba yenes contra pesetas, ellos cambiaban pesetas contra dólares y dólares contra yenes y de esta forma obtenían la divisa japonesa mucho más barata. Además utilizaban productos nuevos como los FRAS –el germen de los futuros- que les permitían tomar dinero a un periodo, prestarlo a otro y ganar un diferencial asegurando el tipo de interés a futuro. En ese momento es cuando yo empecé a trabajar en un bróker interbancario y puedo asegurar que ni mis jefes –que procedían de banca- entendían muchas de las operaciones que intermediábamos y eso que estábamos en “párvulos” para lo que vendría después.
Poco a poco, los desajustes se fueron corrigiendo y la forma de operar de las tesorerías extranjeras, que dejaban un muy alto rendimiento por persona, fue implantándose en las nacionales e, igual que –años después, también con retraso- los clientes bancarios empezaron a comparar y a buscar la mejor alternativa para sus servicios financieros más allá de la sucursal de la caja de ahorros de la esquina, las tesorerías se fueron profesionalizando. No fue un proceso rápido ni fue entendido por todos, recuerdo en 1992 teniendo que explicar, en un bróker donde me contrataron para llevar una mesa de FRAS, por qué necesitaba un ordenador y no me bastaba con una calculadora científica. Incluso entre los grandes bancos el cambio tardó, recuerdo que un trader que venía del Central Hispano me confesó que hasta que no se fusionaron con el Santander no tenía ni idea de qué iba el negocio porque se limitaba a obedecer las órdenes de arriba.
Al final –y esto ocurrió de forma global- los arbitrajes se volvieron muy excepcionales y muy difíciles de encontrar puesto que casi todos los traders los conocían y además los mercados electrónicos ajustaron mucho los precios y cuando llegó el euro y desaparecieron muchas divisas y hasta las pesetas convertibles (las que estaban en posesión de no residentes), el negocio se redujo tanto que eso llevó a que los volúmenes –y el riesgo- aumentaran mucho para poder seguir cumpliendo con los objetivos. Y también empezaron a explorarse otras vías de ingresos lo que llevó en parte a un abuso de los derivados, cada vez más complejos y referenciados a más subyacentes diferentes y que en muchos casos apenas sabían calcular unos pocos. De esta forma de un solo producto real se originan muchas posibilidades de negocio. En la actualidad el riesgo de contrapartida es tan alto que se cruzan muy pocas operaciones entre bancos que no sean en mercados electrónicos y no estén aseguradas por alguna cámara de compensación.
Todos estos cambio repercutieron también en un mejor servicio al cliente final con mejores diferenciales en las hipotecas, comisiones más bajas, mayor variedad de productos de inversión y ahorro… hasta que llegó la crisis. Entonces todos los avances se dieron de bruces con la realidad: los bancos más internacionalizados tenían en sus carteras activos norteamericanos devaluados, los bancos de negocios disponían de productos que a pesar de su alta nivel de ingeniería financiera se basaban en un activo basura y nuestros bancos y cajas más enfocados al negocio interior se encontraron con un pille ladrillero tal que volvieron a empeorar, en general, las condiciones y los servicios a su clientela creyendo que con eso podrían sobrevivir. En general creo que en España, salvando las diferencias, se ha cerrado el círculo y se ha vuelto a lo más básico: el rejón al cliente final. Eso, y por supuesto, la acción de los “bomberos” (gobiernos y bancos centrales) que les inyectan liquidez mientras el resto de sectores económicos se consume:
Escrito por Droblo el 9 de enero de 2012 con
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