¿Volveremos al trueque?

¿Volveremos al trueque? 4El trueque ha existido desde que las personas comenzaron a necesitar lo que tenían otras. Se trata de un intercambio de productos o servicios por otros productos o servicios sin que haya dinero de por medio.

«Te doy un jarrón a cambio de una alfombra» o «te doy un saco de patatas por uno de manzanas». Son intercambios que se hacían hasta hace no mucho tiempo.

El otro día en una conversación con amigos, uno de ellos comentó que una administración pública, no le pagaba lo que le debía a pesar de que como ya tenía la experiencia, habían acordado un pago al contado. Otra persona le comentó que por qué no se lo cobraba en especies, es decir, dicha administración, tenía una serie de bienes que a la otra persona le podrían servir como pago.

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Una historia de bancos

Una historia de bancos 6En España hasta la década de los ´80 del siglo pasado los bancos y cajas de ahorros prácticamente basaban todo su negocio en añadir, al precio que lo obtenían, un fuerte diferencial al cliente final. Y cuando comenzó a existir un mercado financiero nacional se dedicaban casi exclusivamente a negociar con otras entidades el tomar dinero si lo necesitaban y prestarlo si les sobraba y esa misma simplicidad servía también para el negocio en divisas, bolsa, deuda… Poco a poco algunos decidieron potenciar las tesorerías viendo que también se podían intentar tomar posiciones y aprovechar la existencia de precios en tantos productos para intentar ganar más. Si el tesorero de turno creía que los tipos de interés iban a subir, vendían deuda, si pensaba que el franco se iba a fortalecer, compraba francos, si esperaba subidas en bolsa, pues a acumular acciones…Pero entonces los bancos extranjeros, sin apenas clientes españoles ni red de sucursales pero con ideas que procedían de los mercados –mucho más desarrollados- de sus países de origen aplicaron la ingeniería financiera básica para obtener, sin apenas riesgo, un beneficio constante.

La palabra mágica era “arbitraje”: si se conseguía un beneficio utilizando diferentes productos y contrapartidas sin tener que asumir ningún riesgo direccional, mejor que mejor. Eso era fácil en aquellos años en los que sólo unos pocos conocían los productos y las fórmulas y el resto ni siquiera tenía interés en ello. Aprovechando la evidente falta de cultura financiera de las contrapartidas hispanas –no sólo de cajas, también de bancos grandes-, arbitraban contras ellas. El mercado estaba tan poco evolucionado que si la caja X –por ejemplo- compraba yenes contra pesetas, ellos cambiaban pesetas contra dólares y dólares contra yenes y de esta forma obtenían la divisa japonesa mucho más barata. Además utilizaban productos nuevos como los FRAS –el germen de los futuros- que les permitían tomar dinero a un periodo, prestarlo a otro y ganar un diferencial asegurando el tipo de interés a futuro. En ese momento es cuando yo empecé a trabajar en un bróker interbancario y puedo asegurar que ni mis jefes –que procedían de banca- entendían muchas de las operaciones que intermediábamos y eso que estábamos en “párvulos” para lo que vendría después.

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