Las bajas de trabajadores por cuenta propia, los famosos autónomos, empiezan a inquietar a alguien. Digo a alguien, porque al Gobierno desde luego no, visto lo visto. Aún recuerdo con una sonrisa macabra la grandilocuente Ley de la Economía Sostenible, que ha sido, como era de esperar, papel mojado.
La economía no se reactiva escribiendo leyes, y menos una que aprovecha para satisfacer las ínfulas de determinados creadores a lo Ramoncín (con todo el respeto a este maravilloso personaje, no vaya a considerar que atento contra su honor) o prácticamente elimina la deducción por adquisición de vivienda habitual (y ahora se favorece la obra nueva con un IVA al 4%, bendita coherencia).
La economía del ladrillo no funciona, esto lo tiene medio claro la sociedad (aunque me temo que no del todo). La industria intensiva en mano de obra, tampoco, ya que los países antes emergentes (ahora nuestros amigos ahorradores) fabrican igual o mejor y a más bajo precio. El turismo tira de las economías de determinadas zonas, pero tampoco se libra de la competencia de otras zonas con infraestructuras más nuevas, igual de bonitas y más baratas.

