Este artículo es una crítica a una forma de actuar y relacionarse, no un ataque a ninguna persona en concreto. No conozco personal ni profesionalmente a nadie de los que mencionaré, y no me cabe duda de que sus capacidades están por encima de la media, en la cual me encuentro, a tenor del veredicto de un jefe de RR.HH de un banco; bueno, siendo sincero creo que más que en la media quería decir «en la mediocridad que nos gusta», pero esto es otra historia de la selección de personal bancaria.
Por tanto se puede entender este post como un canto a la luna de un lobo estepario cualquiera.
A menudo oímos criticar a los políticos, muchos de ellos desconectados de la realidad del pueblo llano, otros con importantes lagunas en cuanto a la comunicación online actual, que ha cambiado la forma de llegar y comunicarse con los electores. Y los peores sin capacidad ni formación para gestionar la res publica. No los defenderé, he conocido un buen puñado de ellos y pocos pasan la prueba del algodón.
Sin embargo tampoco es que por ello los demás seamos unos lumbreras. Ni los trabajadores, ni los empresarios de éxito ni los charlatanes económicos de la red. Llegados a este punto uno se preguntará: ¿y a cuento de qué viene toda esta perorata?
