La semana en los mercados
Shahid Javed Burki, ex ministro de Finanzas de Pakistán y vicepresidente del Banco Mundial cuenta que en sus años de servicio supervisando las operaciones del Banco Central en China se había puesto en estrecho contacto con algunos de los altos líderes del país, entre ellos el entonces primer ministro Zhu Rongji
Cuando en 1996 Pakistán estaba al borde de la bancarrota y evaluaba la posibilidad de caer en un incumplimiento de pago, fui a Beijing en calidad de ministro de Finanzas del país para pedir ayuda. Zhu afirmó que China no permitiría que Pakistán cayera en la bancarrota bajo mi supervisión y ordenó que se depositaran inmediatamente 500 millones de dólares en la cuenta de Pakistán en el Banco de la Reserva Federal en Nueva York. Esa inyección de dinero le permitió a Pakistán pagar sus deudas.
Qué envidia, una buena relación personal, un viaje para pedir un favor y con 500 millones de $ se acaba con una crisis de deuda… No será tan fácil en esta ocasión porque las cantidades y la desconfianza son tan grandes que la única opción posible es esperar a que vuelva el crecimiento y la inflación intentando con recortes de gastos que el volumen que se debe no aumente.
No parece ser el caso de los EUA, que hasta ha aprobado gastar todavía más y dejar la reducción del déficit para la próxima década. A finales del año pasado Bernanke decía que “Sin el intervencionismo de la FED la tasa de paro en USA sería del 25%” pero lo cierto es que el PIB del segundo trimestre ha decepcionado y lanza un aviso muy serio sobre una posible vuelta a la recesión a pesar de Bernanke. Eso es muy grave, especialmente para España que necesita un contexto internacional favorable para poder salir del hoyo, gobierne quien gobierne, y para lo bueno y para lo malo. Igual que el contagio de Grecia ha disparado enormemente el coste financiero de todos los emisores, públicos y privados españoles, bastó el bajón turístico de Túnez y Egipto para que nuestro PIB sumara algunas décimas en el primer semestre gracias al trasvase de turistas. Si la recesión vuelve a golpear a los EUA, su previsible contagio mundial puede conducir a España a una Gran Depresión ya que el sector exterior es prácticamente lo único positivo que nos queda. En general, España este año, aunque menos de lo que prevé el gobierno, crecerá algo, acabará con una tasa de paro similar a la que alcanzó a finales de 2010 y el objetivo del déficit del 6% está al alcance…con la inestimable ayuda de los 13 mil millones que se esperan ingresar de la subasta del espectro y la privatización de Aena y Loterías, ¿Por qué entonces tanto pesimismo en los mercados con España?
Primero el pesimismo no es único con nosotros: Italia, con unos números muy diferentes a los nuestros, también está sufriendo de la desconfianza. Y es que tenemos algunas cosas en común: La última reunión del €grupo ha tranquilizado la especulación contra los países rescatados y nosotros somos los siguientes. Aparte de esto, ambos tenemos un problema político, europeo y nacional. Europeo porque si no hubieran intentado evitar lo inevitable con Grecia nada de esto hubiera ocurrido y nacional por el tema electoral: tanto Italia como España tienen gobiernos en tiempo de descuento con un máximo dirigente interino. En España es evidente desde hace mucho que nos hace falta un cambio, por lo tanto las elecciones generales deberían haber coincidido con las municipales o a lo más tardar, convocarlas tras el claro resultado del 22-M. En lugar de eso no tendremos nuevo gobierno formado hasta dentro de 5 meses, con lo que supone de electoralismo antes y de parálisis hasta el trasvase de poderes después. Mejor noviembre 2011 que marzo 2012 pero se ha perdido mucho tiempo, un cambio –sea liderado por Rajoy o por Rubalcaba- puede ser un revulsivo. Y no sólo por las medidas que pueda tomar un presidente con la tranquilidad de haber sido recientemente avalado por las urnas, además porque la esperanza es un componente psicológico que afecta directamente en la economía vía consumo e inversión pero si se dilata tanto, el efecto se pierde. Italia está en una situación similar y ambos tenemos el ejemplo de Portugal: el cambio ya no ha servido porque ha sucedido con el país ya rescatado.
Cuanto más tiempo pasemos sin crecer y sin crear empleo, más aumentará nuestra deuda que a su vez nos limitará el crecimiento futuro, esto genera más dudas en los inversores que exigen más para comprar nuestras emisiones lo que perjudica nuestras cuentas públicas e impide que pueda haber gasto e inversión para crecer y reducir el desempleo. Ese es el círculo vicioso en el que nos hemos metido.
En cuanto a los mercados, tras dos malos acuerdos políticos tanto en Europa (del que ya di mi opinión la semana pasada) como en los EUA (que ha recibido críticas por su contenido pero sobre todo por las formas, ¿Si se sabía hacía meses por qué no han sido capaces de ponerse de acuerdo hasta dos días antes, donde está la responsabilidad de los dirigentes cuando hace falta?) a costa de la deuda y varios malos datos macro, lo raro no es ver bajadas sino lo escasas que son en los EUA en comparación al resto. Incluso lo que más le afecta a ellos directamente –sus malas cuentas públicas- influye más en el resto del mundo que en el valor de su bolsa o el de su divisa. Por eso es tan peligroso, aunque muchos parecen desearlo, que se cumplan las amenazas de rebaja de su rating soberano, algo que ya predije que podría ocurrir en diciembre pasado pero insistiendo en que podría profundizar la crisis de la deuda global. Y a corto plazo, que hoy no decepcione el dato de empleo mensual de los EUA. Esperemos agosto vaya mejorando según avance…
Datos y opiniones en la red.
- La inflación, el talón de Aquiles de la economía china
- EUA: Evolución histórica del gasto público en relación al PIB
- La dependencia asiática de los EUA
- la Encuesta de Población Activa del 2005 al 2011
- J.L.Cárpatos: En esta temporada de resultados hemos visto una vuelta al corte de costes con cifras de despidos que recuerdan a la peor fase de la crisis reciente y parece que eso no es compatible con ningún brote verde de largo plazo. Como siempre, es posible que los mercados no se enteren de nada porque la combinación de reducción de costes y la recompra de acciones propias, tienen bajo cierto control el comportamiento de las acciones en los mercados.
- ¿Quién califica a los calificadores?
- La alocada historia de Metrovacesa hasta caer en manos de sus acreedores
- Evolución del precio y la demanda de la vivienda en España
- Diferencias Europa/EUA: En esta campaña de resultados el número de compañías que han dado resultados peores de lo esperado ha ascendido al 52% en el Stoxx 600, la cifra más alta en 5 años. Por contra, el 72% de las del S&P los ha dado mejores de lo esperado.
- SP500: La operativa con medias de 10 y 12 meses, cerca de marcar señal de venta
- Bradford DeLong, en contra de los recortes de gasto
- M. Boskin critica los excesivos niveles de deuda y déficit de los EUA y Europa
- La banca en los EUA –y es lo habitual también en la nuestra- lleva mucho tiempo aumentando sus compras de deuda pública y reduciendo sus créditos a particulares y empresas y parece esta tendencia podría haberse detenido (y ya veremos si cambia) pero la pregunta es si el motivo es la mayor desconfianza hacia los bonos emitidos por el estado, la intervención de la FED comprando que ha dejado menos papel para la banca o cierto optimismo hacia la recuperación del sector privado… lo que está claro es que a medio plazo a los estados les interesa mucho que el crédito funcione pero a corto necesita colocar su deuda como sea…difícil papeleta:
Escrito por Droblo el 5 de agosto de 2011 con
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Aún no se sabe a ciencia cierta si la Primavera Árabe será o no el preludio de democracias creíbles en el mundo árabe. Pero, si bien el polvo todavía no se asentó tras meses de agitación en Túnez, El Cairo y otras partes, las revueltas árabes ya tuvieron un impacto masivo en la estructura estratégica de Oriente Medio.
Hasta hace poco, la región estaba dividida en dos campos: una alineación árabe incoherente y debilitada, y un “Eje de Resistencia”, integrado por Irán, Siria, Hamas y Hezbollah, contra los designios norteamericanos e israelíes para la región. Impulsada por una estrategia de “cero problemas” con sus vecinos, la búsqueda de Turquía de un rol preponderante en la política de Oriente Medio la acercó a Siria e Irán.
La Primavera Árabe expuso los cimientos frágiles sobre los que se construyó el Eje de Resistencia, y lo empujó al borde del colapso. El primero en abrirse fue Hamas. Temeroso de las consecuencias de la desaparición de sus patrocinadores en Damasco, Hamas tácticamente se retiró del Eje y permitió que Egipto lo liderara hacia una reconciliación con la pro-occidental Autoridad Palestina, aceptando términos que había rechazado bajo el régimen depuesto de Hosni Mubarak en Egipto.
Turquía está genuinamente interesada en una solución de dos estados para la disputa palestino-israelí y en un sistema regional de paz y seguridad, mientras que Irán y Hezbollah están empeñados en hacer descarrilar a ambos para negarle a Israel el tipo de paz con el mundo árabe que terminaría aislando a Irán. Más allá de su conflicto enconado con Israel, Turquía, a diferencia de Irán, no es un enemigo incondicional del estado judío, y no descartaría un acuerdo con el gobierno de Benjamin Netanyahu. De hecho, actualmente se están llevando a cabo conversaciones entre las partes para restablecer relaciones más normales.
Tampoco Irán y Turquía comparten una visión común con respecto a la región estratégicamente sensible del Golfo. Turquía, cuyo tratado de 2008 con el Consejo de Cooperación del Golfo la convirtió en un socio estratégico de las monarquías de la región, fue claramente enérgica durante la crisis de Bahrain al advertir a Irán que pusiera fin a su intrusión subversiva en los asuntos de la región. La estabilidad e integridad territorial de los Estados del Golfo es una prioridad estratégica para Turquía; claramente no es el caso de Irán.
De la misma manera, cuando se trata del Líbano, Turquía efectivamente no comparte la preocupación de Irán de que se pudiera cortar la cuerda de salvamento de Hezbollah si el régimen sirio colapsara. E Irán y Siria, por su parte, nunca estuvieron demasiado contentos con las aspiraciones del primer ministro Recep Tayyip Erdogan de actuar como un intermediario en el Líbano, al que consideran su patio trasero estratégico. Esto explica el rechazo de Hezbollah de una iniciativa turca-qatarí de actuar como mediadores después de la caída del gobierno libanés de Saad Hariri en enero de 2011.
El compromiso de Turquía con las transiciones democráticas pacíficas en el mundo árabe la aislaron de su aliado sirio, Bashar al-Assad -de cuyas prácticas represivas tanto Irán como Hezbollah son plenamente cómplices-, y hoy está distanciando aún más a Irán y Turquía. Irán se está esforzando por asegurar que elecciones libres abran el camino a regímenes verdaderamente islámicos en el mundo árabe, mientras que Turquía supone que su propia marca política, una síntesis de Islam y democracia con valores seculares, en definitiva prevalecerá.
La fisura refleja no sólo diferencias ideológicas, sino también un desacuerdo sobre el objetivo del cambio de régimen. Irán espera que los nuevos regímenes se alineen detrás de su deseo de cambiar radicalmente la ecuación estratégica de la región a través de una política de confrontación con Estados Unidos e Israel, mientras que Turquía espera que los nuevos regímenes sigan políticas constructivas de paz y seguridad.
La inestabilidad y la confusión en el mundo árabe favorecerían la agenda de un poder de no status quo radical como Irán. La inestabilidad ejerce el potencial de mantener altos los precios del petróleo, beneficiando a la economía iraní. Es más, mientras Occidente está concentrado en los enormes desafíos planteados por las revueltas árabes, a Irán le resulta más fácil desviar la atención del mundo de su programa nuclear, y sortear el régimen de sanciones internacionales destinado a recortar sus esfuerzos por adquirir armas nucleares.
La política exterior de Turquía, a diferencia de la de Irán, necesita un entorno estable para prosperar. La inestabilidad socava su visión regional en su totalidad; ciertamente desafía su estrategia idealista de “cero problemas”. También pone en riesgo la robusta penetración económica de Turquía en los mercados árabes. Y, con el problema kurdo más vivo que nunca, los turcos también saben muy bien que los levantamientos en los países vecinos pueden propagarse en la propia Turquía.
Respecto de la cuestión siria es donde las diferencias entre Turquía e Irán son especialmente evidentes. Turquía prácticamente se resignó a la inevitable caída del régimen represivo Baath de Siria. Para Irán y sus clientes de Hezbollah, la caída de Assad sería algo muy parecido a una calamidad, con consecuencias de amplio alcance. Desprovisto de su alianza siria y alejado de Turquía, Irán se convertiría en una potencia revolucionaria aislada cuya marca fanática de Islam le resulta repulsiva a la mayoría de las sociedades árabes.
Turquía se equivocó al intentar ganar una mayor influencia en Oriente Medio trabajando junto con las fuerzas revolucionarias de la región. Es mucho más inteligente que Turquía haga causa común con las fuerzas responsables de la región.
Un Egipto democrático por cierto sería un socio más confiable. Egipto ya logró alejar a Hamas de Siria y adentrarlo en una reconciliación inter-palestina. En lugar de competir por el papel de un intermediario del poder regional, como sucedió en el gobierno de Mubarak, Egipto puede sumar fuerzas con Turquía -cuyas autoridades fueron prudentemente invitadas por los egipcios a la ceremonia que selló la reconciliación palestina -para promover una paz árabe-israelí y un sistema de seguridad civilizado en Oriente Medio.
Shlomo Ben Ami fue ministro de Relaciones Exteriores de Israel y hoy se desempeña como vicepresidente del Centro Internacional Toledo para la Paz.