¿Y qué pasa si los bancos encarecen las hipotecas?
Estoy bastante harto de leer informes y oír declaraciones públicas de banqueros alegando que si se eliminan las cláusulas de suelo, o se reforma la normativa que regula la ejecución hipotecaria o cualquier otra medida que les perjudica, las hipotecas en España van a ser más caras y los requisitos de concesión mucho más severos.
Voy a tratar de explicar el porqué no es una amenaza demasiado temible que nos suban los intereses y endurezcan los requisitos de los préstamos hipotecarios.
¿Cómo no va a ser preocupante que los bancos nos pongan las hipotecas más caras y más trabas para obtenerlas? se preguntará el amable lector.
Imaginemos que el panadero de la esquina nos dice que si el Gobierno cambia la normativa de trazabilidad de los productos que necesita para hacer pan nos va a subir el precio de sus productos. Bueno, pensaremos, está en su derecho. Además nos dice que ya no fiará a según que clientes. Bien, pensaremos, está en su derecho.
¿Y qué pasará con sus clientes? valorarán el nuevo precio del pan de esa pastelería y la posibilidad de que les fíe la barra algún día. En caso de encontrar otras panaderías más baratas o más flexibles en el pago, cambiarán de establecimiento. Y si necesitan que les dejen comprar pan sin pagarlo hasta cobrar la nómina del mes que viene y no se o permiten, no podrá comprar pan.
La amenaza fantasma bancaria
La banca esgrime, como argumento para frenar los cambios legislativos en materia de dación en pago o las sentencias que le son adversas en cuanto a las “cláusulas de suelo“, lo siguiente:
Si se empeoran nuestras prebendas jurídicas (esa terminología es mía, no de la banca) los préstamos hipotecarios que dejaremos serán más caros y exigiremos clientes más solventes y con garantías adicionales.
Es decir, que si el legislador intenta equilibrar el marco jurídico bancario las entidades financieras contraatacarán encareciendo y restringiendo el crédito hipotecario. Vaya, el Apocalipsis hipotecario se cierne sobre los temerosos clientes.
Vayamos por partes:
Efectos de que la banca aumente los tipos de interés de las hipotecas que comercializa: nos guste o no la mayoría de hipotecados presentes o futuros no tenemos ni idea del coste real de nuestra hipoteca. Lo que sabemos es la cuota mensual que pagamos y las que hemos pagado en años anteriores. Si aumentan los intereses de las nuevas hipotecas va a pasar lo siguiente:
- No se contratarán hipotecas al no poder hacer frente a la cuota resultante.
- Caerá el precio de la vivienda para que la cuota resultante del préstamo sea accesible a un cliente tipo.
- El mercado ofrecerá alternativas de financiación (alquiler con opción de compra, financiación entre particulares, etc).
Si no se contratan hipotecas, pierde el cliente (no podemos comprar viviendas) y pierde la banca (no hace negocio). Pero al cliente siempre le queda el alquiler.
Si al cliente se le ofrecen hipotecas más caras, pero el indicador que observa es la cuota mensual, lo que deberá caer es el precio de la vivienda. El endeudamiento máximo que puede pagar una familia se calcula sobre un 40% de sus ingresos mensuales netos.
Una familia que ingresa cada mes 3.000 euros netos y tiene ahorrados para los gastos, ahora puede adquirir (al 3% de interés a 30 años) una vivienda de 284.500 euros.
Imaginemos que la financiación se encarece al 8%; la misma familia sólo puede acceder a una vivienda de 163.500 euros. Y esta es la nueva demanda del mercado inmobiliario. El precio de equilibrio deberá caer, por mucho que a la curva de oferta esta nueva situación no le resulte nada agradable.
Pierde el banco (por el enorme stock de viviendas de sus balances) y los propietarios de vivienda y agentes del mercado inmobiliario. Al comprador poco le afecta. En todo caso va a tener que conformarse con viviendas más humildes si el aumento de las hipotecas no se trasmite de forma perfecta al precio de la vivienda.
Y también pierde la banca si el encarecimiento de su financiación provoca que entren otros agentes a financiar la compra de viviendas y se crea un mercado alternativo de financiación.
Por otro lado, veamos los efectos de restringir el crédito a los clientes más solventes y con la posibilidad de aportar otras garantías reales o personales:
Una entidad financiera debería hacer siempre un análisis de riesgo en base a la capacidad de reembolso presente y estimada en un futuro que tiene el cliente y las alternativas de cobrar la deuda si el cliente no paga. Admitamos que muy bien no han hecho su trabajo en épocas pretéritas. Ahora resulta que sí lo harán.
Bien, su trabajo es captar dinero de los ahorradores y transformarlo en financiación para inversores y consumidores, maximizando su beneficio en el proceso. La banca no es una ONG.
Si el marco jurídico empeora para sus intereses (por ejemplo generalizándose la dación en pago), el efecto en su negocio es el siguiente:
Aumenta el riesgo de impago, ya que el hipotecado tiene menos incentivos para pagar si las cosas le van mal. Al no responder con el resto de su patrimonio, será más propenso a devolver la vivienda si tiene dificultades económicas.
A mayor riesgo, más coste y garantías adicionales. Aumentará el coste hipotecario, sin duda. Y las garantías exigidas (hipotecar otras viviendas o avales personales). Pero estas exigencias tienen un límite: el cliente medio.
Está muy bien querer maximizar el beneficio y minimizar el riesgo. Pero el límite es la supervivencia. Si las entidades financieras no quieren dar hipotecas al cliente medio, su mercado se reduce. Los beneficios caen y los bancos deben reducir sus estructuras y algunos cerrar.
¿Acaso no llegará un punto de equilibrio en el que se financiará lo financiable? Lo que quiero decir es que la banca tiene poder, pero también tiene poder el conjunto de ciudadanos que solicitan hipotecas. A eso se le llama “mercado“, concepto que muchos próceres de la economía capitalista parecen querer obviar cuando de banca hablamos.
En economía nada es lo que parece a simple vista. Cualquier cambio legislativo tiene efectos complejos en el mercado, muchas veces imprevistos y perversos para los fines perseguidos.
Es cierto que cambiar la normativa hipotecaria es algo delicado que puede tener muchos efectos indeseados. Para ello se necesita de un estudio serio, entender los mecanismos y aplicar las modificaciones de forma eficiente y controlada.
Tal vez generalizar la dación en pago no sea el mejor cambio posible y aumentar del 50% al 80% con la tasación original el valor de la casa que se adjudica el banco sea una opción más óptima, por ejemplo.
Pero las amenazas de la banca para evitar cambios no aguantan la elemental teoría de juegos: son una amenaza fantasma.
Escrito por Pau A. Monserrat el 6 de junio de 2011 con
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La nueva amenaza neoliberal: “El pacto del euro”
6 Junio 2011 | Categorías: Unión Europea |
Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC.
Como muchos sabréis, yo soy de los que sostienen que la crisis económica que padecemos no es ni un accidente temporal ni tampoco parte de un ciclo económico que supone que la recuperación llegará necesariamente tarde o temprano. Para mí estamos viviendo una crisis estructural, que además no es sólo económica, y cuya resolución dependerá de la relación de fuerzas políticas.
Creo que de todos los escenarios posibles desgraciadamente el más probable a corto plazo es aquel que supone una reagudización del neoliberalismo y, por tanto, el mantenimiento de una crisis permanente. Y esto es así porque las medidas neoliberales que intentan recuperar la rentabilidad privada -afectada por la crisis- no tendrán éxito precisamente porque consisten en deprimir aún más la capacidad de consumo de familias y Estado.
Las reformas de ajuste estructural que se están aplicando en toda Europa nos están llevando a una nueva situación de regresión social que será también, por cierto, lo que siga alimentando el malestar que está llevando en estos días a la gente a la calle. En todo ese proceso, aplicado por los gobiernos nacionales pero dirigido en última instancia por los grandes poderes económicos (bancos y grandes empresas), vamos a perder derechos y por supuesto también nivel de vida.
La siguiente fase del plan de ajuste neoliberal es el pacto del euro. Un pacto contra el que la sociedad debería posicionarse claramente, y ningún sindicato debería transigir lo más mínimo. Perder en esta trinchera será entrar en una nueva edad media. Pero, ¿cuáles son los puntos básicos de este pacto? A continuación los más destacados:
- Evolución de los salarios paralelos a la productividad. Se trata de congelar la relación actual de salarios y productividad, por cierto sin tener en cuenta que durante estas últimas décadas la productividad ha subido mucho más rápidamente que los salarios. El objetivo último es mejorar la competitividad de la economía en su conjunto, y se exigirá “garantizar que la fijación de los salarios en el sector público contribuya al esfuerzo de competitividad en el sector privado”. Eso supondrá, como apunta Toledano en un artículo muy recomendable, que los salarios públicos caigan en términos reales para que los privados caigan después.
- Impulso al empleo a través de reformas fiscales y manteniendo ingresos totales. Eso significa que los impuestos directos caerán y subirán los indirectos. Probablemente veamos una subida del IVA y un descenso en las cotizaciones sociales. Dado que las cotizaciones sociales son parte del salario, estamos frente a otra rebaja salarial más.
- Finanzas Públicas. Reformas en el sistema de pensiones, que como sabemos ya se ha aplicado parcialmente en España pero que continuará en los próximos años. Además entraremos en un período de cuestionamiento más intenso de la sanidad y educación pública, y veremos medidas como el Copago (que debería llamarse Repago), disminución de prestaciones sociales y muchas más privatizaciones (recordemos que ya ha comenzado la de Renfe, AENA y las Loterías.
- Estabilidad Financiera. Lucha contra el fraude, que es una medida adecuada pero de la que hay que sospechar (¿incluirán a los paraísos fiscales?), y coordinación de políticas fiscales pero sin establecer una Unión Fiscal como sería lo más apropiado. Además, probablemente veremos dicha coordinación como una convergencia a la baja.
- Control del déficit. Esto es una de las mayores aberraciones del pacto a nivel legal. Los Estados se comprometen a establecer por ley o incluso constitucionalmente medidas que limiten el déficit fiscal. Es decir, tratan de blindar a través de la legislación un determinado abanico de políticas económicas. Algo que no por desconocido (el Pacto de Estabilidad y Crecimiento lo contenía) es menos inaceptable.
En definitiva, estamos ante un paso más en esa agudización del neoliberalismo y hacia el barranco de la regresión social extrema. Se avecinan tiempos muy difíciles para las clases bajas y medias, y presenciaremos un estancamiento de la crisis que será tanto o más duradero y profundo como duradera sea la vigencia de estas políticas neoliberales.
En mi opinión lo primero que tiene que hacer la izquierda es resistir. Y resistir significa reconocer que no hay pacto social que valga y que únicamente la retirada inmediata de todas estas medidas y pactos es aceptable. En segundo lugar la izquierda tiene que construir. Y eso significa apostar por un nuevo modelo de Europa radicalmente distinto del dominante hoy, lo que supone renunciar al carácter antidemocrático de las instituciones actuales y recuperar la democracia secuestrada por los poderes económicos. Hay que coordinarse con los movimientos contestatarios de toda Europa para construir un modelo alternativo de sociedad basado en principios de izquierdas. Y para hacer todo eso debemos concentrarnos en revertir la actual relación de fuerzas, dedicando nuestras energías a encontrar puntos en común entre las “múltiples izquierdas” y abandonando la siempre horrible sensación de que nos gusta más tener enemigos que amigos.