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Malthusianos contra cornucopianos

En 1980, un ecologista (Julian L. Simon) y un economista (Paul R. Ehrlich) con visiones radicalmente opuestas sobre el crecimiento demográfico y los recursos naturales, decidieron resolver sus diferencias como deben hacerse, jugándose pasta.

En octubre de ese año, el grupo formado por Ehrlich y dos colegas suyos de Berkeley apostaron 1.000 dólares sobre cinco metales -cromo, estaño, cobre, tungsteno y níquel- en volúmenes que costaban 200 dólares cada uno en el mercado vigente. Se redactó un contrato por el cual Simon se obligaba a vender esos mismos volúmenes a Ehrlich y sus dos amigos 10 años después, pero a los precios de 1980. Si en 1990 los precios combinados ascendían a más de 1.000 dólares, Simon tendría que pagar la diferencia en efectivo. Si los precios descendían en ese plazo, los ecologistas le pagarían a Simon.

Durante ese tiempo, la población del mundo creció en más de 800 millones de personas, según registro oficial, a la vez que la reserva de metales encerrados bajo la corteza terrestre no aumentó en absoluto.

La apuesta llegó a su fin sin ceremonias. Los cinco metales elegidos por el grupo de Ehrlich habían bajado de precio desde 1980, por las mismas causas que en los decenios anteriores, según los partidarios de la tesis de la cornucopia: el espíritu emprendedor y las continuas mejoras tecnológicas.

En Agosto de 2005 se repitió una algo similar entre Matthew R. Simmons y el periodista  John Tierne, en ella el primero apostó 5.000$ que el 1 de Enero de 2011 el petróleo estaría por encima de los 200$. Una vez finalizada la apuesta el petróleo se compra a unos 76$ del año 2005 muy lejos de los 200$.

Estamos ante dos ejemplos de la guerra entre los “optimistas” (Cornucopianos) que opinan que estamos muy lejos del agotamiento de los recursos naturales y los “pesimistas” (Malthusianos) que opinan lo contrario. Si bien Malthus alertó principalmente de los recursos alimenticios y de la imposibilidad de que estos pudiesen crecer al ritmo de la población mundial el problema se ha ido extrapolando hacia las materias primas y recursos energéticos.

Es de sentido común reconocer que los recursos naturales son limitados y a este ritmo tendrán que agotarse, pero también hemos de tener en cuenta que la tecnología nos ha permitido optimizar su uso y encontrar una y otra vez alternativas cuando las materias primas escasean (como ocurrió en su día con el imprescindible aceite de ballena).

Muchos datos apoyan la teoría Malthusiana, como que la producción máxima de petróleo convencional se dio en 2006 pero si tuviese que hacer una apuesta, viendo los resultados de las realizadas, francamente no sé de que lado ponerme.

Bjørn Lomborg escribía en “El ecologista excéptico” que es necesario exagerar los problemas para activar una conciencia, defiendía que los problemas se solucionan cuando la gente trabaja sobre ellos y esto solamente puede hacerse con los datos adecuados, más allá de campañas sistemáticas de terror que confunden a la población.

Hoy me gustaría que debatiésemos sobre ello. ¿Creéis que se están exagerando los problemas ecológicos para concienciar a la población o se tratan de problemas reales? ¿Nos estamos quedando sin recursos?

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Escrito por Carlos Lopez el 5 de marzo de 2011 con 0 comentarios.

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