En el fondo, todo esto es bueno y hasta necesario. Lo único malo es que nos ha pillado a nosotros.
¿Cómo? ¿Qué es bueno que haya tanto paro, que el Euribor suba y que los mercados financieros estén así?.
Las recesiones son parte de un ciclo económico normal en las sociedades capitalistas. En otras palabras, las recesiones son males necesarios.
El lado positivo es que hay tres razones por las que las recesiones son en realidad buenas para la economía:
- La actitud de la gente cambia (a mejor)
- Vemos crecimiento e innovación en sectores infradesarrollados así como los sectores hinchados se contraen
- Tenemos la oportunidad de autoevaluación
Cambio de actitud
Las recesiones crean de forma natural cambios en nuestra forma de pensar y comportarnos. De media, durante una recesión, pasamos de ser consumidores irresponsables e irracionales a ser ahorradores prudentes que adoptan decisiones financieras mucho mejores.
Nos abstenemos de compras innecesarias, hacemos ese esfuerzo extra para buscar el mismo artículo por un precio mejor en otro sitio y aprendemos a privarnos de pagar más por bienes caros y de marca. Básicamente, dejamos de tirar el dinero y a valorarlo en su justa medida. Estos cambios en la actitud pueden tener un efecto duradero en los consumidores.
Por ejemplo, si pasásemos algún tiempo con nuestros abuelos (o padres) que vivieron la postguerra, nos daríamos cuenta rápidamente de lo mucho que afectaron a su perspectiva del mundo (y decisiones de consumo) las dificultades que soportaron hace décadas. Muchos de los que aprendieron a ser ingeniosos y a practicar el ahorro durante momentos difíciles nunca abandonaron ese comportamiento.
Desde una perspectiva personal, si la recesión nos afecta, el subconsciente empieza a decirnos que tenemos que trabajar más y gastar de forma más conservadora, algo que se quedará ahí durante mucho tiempo, casi sin notarlo nuestro comportamiento cambiará de una manera casi definitiva. Por ejemplo, encontramos a mucha gente que no había probado en su vida productos de marca blanca y una vez rota esa barrera de entrada psicológica serán más proclives en un futuro a adquirir productos baratos, algunos de los cuales les satisfagan incluso más que los «premium»
Ahora imaginemos lo que ocurre cuando cientos de millones de personas pasan de forma colectiva por una profunda recesión. Estos sutiles cambios de actitud a nivel individual se combinan para crear una población mucho más sensata y responsable desde una perspectiva financiera e incluso ecológica. ¿Cuántas toneladas de CO2 habrán dejado de emitirse por culpa de la crisis?

