O Khadafi era la pesadilla del mundo occidental a finales de los ´80 del siglo pasado cuando yo empecé a trabajar en los mercados financieros, como lo fue Bin Laden a principios de este siglo. De hecho, también fue responsable de la caída de un par de aviones comerciales con cientos de víctimas mortales. Ya antes se había ganado el rechazo de la comunidad internacional por su respaldo a grupos terroristas (desde el IRA a la OLP), su antiamericanismo, su guerra contra el Chad…hasta había lanzado misiles contra Italia. Reagan le llamaba “perro loco” e intentó derrocarle, incluso con bombardeos sobre el país siendo el suceso más grave el ataque de 1986 –como represalia a un atentado en Berlín en el que el líder libio estuvo implicado- en el que mataron a una hija adoptiva de Gadafi. Y aún tuvo la suerte de que la existencia de la URSS no lo convertía en el primer objetivo. También ha sufrido intentos de asesinato de la oposición interna, siendo el más conocido el de 1993 protagonizado por militares si bien lo que más erosionó su gobierno fueron los largos años de sanciones económicas internacionales.
El hombre nació en 1942 en pleno desierto –se considera un beduino- y desde su adolescencia se interesó por la política fuera apoyando proyectos nacionalistas en el Tercer Mundo como el de Nasser en Egipto o criticando a Israel. Estudió derecho (el analista Benjamin Barber, que le conoce en persona, opina que «se ve a si mismo como un intelectual») aprovechando la universidad para fijar con claridad su oposición al entonces rey libio Idris y tras dos años en Londres recibiendo formación militar vuelve para liderar el golpe de estado. El estadista nació en 1969, con 27 años. Gadafi recogió su ideario político en el conocido como Libro Verde, publicado en 1970. En sus páginas trazó un sistema alternativo tanto al capitalismo como al socialismo, combinado con aspectos del Islam. Unos años más tarde, en 1977, esa filosofía política se concretó en lo que llamó «Jamahiriya» o «estado de masas», que contempla que el poder sea ostentado por miles de «comités populares». Aunque es considerado “un sobreviviente político de primer orden» que es capaz de traicionar sus ideales con tal de mantenerse en el poder: Tras décadas entrenando y financiando terroristas, el reconocimiento en 2003 de su responsabilidad en el ataque de Lockerbie culminaría cinco años más tarde con un acuerdo de compensación que incluía éste y otros atentados y que permitió la normalización de las relaciones con Washington. Cuando en 2008 celebró sus 39 años en el poder dijo, Gadafi dijo: «No habrá más guerras, ni ataques ni actos de terrorismo» y en 2009 restableció relaciones diplomáticas con los EUA.
Aunque oficialmente no ostenta cargo público o título, desde 1979 se le denomina «Hermano Guía de la Gran Revolución» y el que parece designado como sucesor, su hijo Saif al-Islam Gadafi, tampoco tiene cargo alguno. Es conocido por su extravagancia que pasa por sus coloridos trajes brillantes –giro africanista que tomó tras fracasar en sus intentos de crear una unión panarábica- o una guardia personal formada por una treintena de mujeres armadas y entrenadas para el combate, sin olvidar sus estancias en los campamentos beduinos de lujo que levanta cuando va de viaje al extranjero. Aparte de lo anecdótico, en un país sin Constitución, una ley prohíbe toda actividad que defienda una política distinta a la revolución del coronel. Miles de personas han sido encarceladas y condenadas a pena de muerte por violar esa norma, según Human Rights Watch, que también reporta desapariciones y torturas. Los medios de comunicación están bajo un férreo control gubernamental y la violación de derechos humanos es algo habitual, y por supuesto conocido por toda la comunidad internacional hace décadas. Hace un año insultó y amenazó a Suiza (“Los musulmanes deben ir en masa a los aeropuertos del mundo islámico e impedir el aterrizaje de cualquier avión suizo, a los puertos e impedir el atraque de cualquier barco suizo, a inspeccionar las tiendas y mercados e impedir que se venda un solo producto suizo”) incluso con una guerra santa porque en referéndum prohibieron la construcción de minaretes.

