Todos hemos oído hablar de este famoso síndrome, que algunos explican como una simple reacción psicológica que lleva a la víctima de un secuestro, o retención ilegal, a encontrar una cierta complicidad con su captor. En casos extremos, el secuestrado llega incluso a ayudar al secuestrador a huir de la policía o a evadir la acción judicial.
El caso quizás más famoso y conocido fue el de Patricia Hearst, nieta de un afamado y rico editor, que tras ser secuestrada por el Ejercito Simbiótico de Liberación (tiene tela el nombre) y una vez liberada, terminó uniéndose a la banda.
De los varios aspectos que los expertos en esta materia destacan para explicar por qué se produce este síndrome, me quedo con aquel que dice: “la víctima y el autor del delito tienen algo en común, como es el hecho de querer salir ilesos de la situación”.
Ese aspecto común les lleva a colaborar y como al final resulta que “el roce hace cariño”, pues pueden terminar entendiéndose.
Pero conviene recordar que a pesar de la explicación psicológica del fenómeno, sigue habiendo un delincuente y una víctima, con independencia de que se acaben entendiendo y perdonando.
SI todo este tema lo trasladamos a la economía en general, o en particular a la situación económica de nuestro país ¿acaso no es cierto que los ciudadanos en su conjunto, víctimas indiscutibles de la crisis, estamos en cierto modo ayudando o restándoles responsabilidad a los culpables de la situación?
Durante estos tres últimos años, por distintas vías, hemos identificado a aquellos agentes que de forma activa han contribuido, en mayor o menor medida, a generar la situación actual: hemos señalado al sector financiero como principal actor, pero seguido muy de cerca por la casta política (de todo color y condición), hemos también señalado con los dedos restantes de la mano a constructoras e inmobiliarias. Y por último también a una parte de la sociedad que jugó a especular con los ladrillos. Sin olvidar a organizaciones empresariales y sindicatos de trabajadores.
Y, como reza el dicho: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. Y me estoy refiriendo a la sociedad del “bienestar”.
Estos últimos días hemos desgranado muchos datos alarmantes:
Leer más