La crisis de la aviación comercial

panamHace 30 años un billete de avión ida y vuelta que fuera de Madrid a Las Palmas de Gran Canaria costaba 20 mil pesetas (120 euros) … una cantidad muy similar al coste actual y eso que entonces no había ni IVA ni tasa de aeropuerto. Viajar en avión era algo muy exclusivo. Hace bastante menos tiempo, 15 años, era casi tan caro comprar un billete sólo de ida que de ida y vuelta, la flexibilidad en ese aspecto era casi nula en España. Luego llegó la liberalización aérea y todo esto cambió, aparecieron nuevas compañías que aumentaron las rutas y los horarios, rebajaron los precios y los vuelos comerciales se popularizaron, convirtiéndose en algo tan habitual que algunos aeropuertos (en concreto Barajas) se vieron desbordados.

Este proceso –en diferentes fechas- ocurrió a nivel global y algunos emprendedores quisieron aprovecharlo para montar las llamadas líneas low cost, que desde el primer momento intentaron abaratar el coste del transporte aéreo y repercutirlo en el precio de los billetes. Para ello empezaron a eliminar gastos prescindibles como los periódicos, la comida y la bebida gratuita, repercutir gastos para los pasajeros con más equipaje y a utilizar aeropuertos más baratos para sus operaciones, garantizando con ofertas de última hora una capacidad de utilización del espacio en cabina muy alta. A ello ayudó también la popularización de internet que permitía vender casi sin intermediarios.

Toda esta enorme competencia convivió a comienzos de este siglo con una crisis a nivel mundial que aún redujo más los márgenes para las compañías. Entonces llegó el 11-S de 2001 y el impacto en las cuentas de las compañías aéreas fue insostenible para muchas, incluso comenzó una guerra comercial entre Europa y los EUA por las ayudas que la Administración Bush dio –contra los acuerdos antiproteccionismo vigentes- a las compañías norteamericanas. No fue suficiente, muchas cerraron, otras se fusionaron y el proceso fue global: las tácticas de ahorro de coste de las low cost fueron copiadas por todas, pasando de ofrecer un servicio gratuito de bebidas en vuelos de 1 hora a cobrar más del doble por una cerveza o un café dentro de un avión que en tierra. Esto a su vez llevó incluso a que compañías, tanto históricas como de bajo coste, cerraran y/o se fusionaran y a que, por ejemplo, en España Ryanair esté amenazando el liderazgo de Iberia en número de pasajeros transportados.

Este proceso de tantas transformaciones en pocos años me recuerda mucho al del sector informático y de internet. En muy poco tiempo los ordenadores pasaron de las grandes empresas a las oficinas y los hogares e internet pasó de ser una red de comunicación militar a convertirse en un sueño de riqueza para muchos por sus enormes posibilidades. Y el tiempo ha demostrado, como ha pasado con la aviación civil, que dichas posibilidades eran ciertas. Pero en el camino los precios se han tenido que abaratar a la par que el servicio mejoraba, las compañías de menor tamaño han desaparecido o se han tenido que fusionar o reconvertir y, por centrarnos en los buscadores, compañías “nuevas” como Google están desbancando a “antiguas” como Yahoo, no sin antes enterrar a Lycos, Terra, Altavista etc.

Pero si bien esta última crisis está resultando más llevadera para el sector tecnológico en general (ejemplo de ello es mejor comportamiento del Nasdaq respecto al Dow Jones y el SP500) para el aeronáutico está resultando devastadora. Según estima UBS el 12% de todas las aeronaves disponibles en el mundo estaban aparcadas -por exceso de capacidad- a finales del semestre pasado, muy cerca de los máximos provocados por el ataque del 11-S de 2001:

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