Durante años han circulado mails con imágenes sobre construcciones grandiosas de Dubai, algunas reales -como el famoso único hotel de 7 estrellas del mundo- otras simplemente proyectos, que asociaban el lujo a las ganancias por el petróleo, impresión errónea ya que la enorme riqueza de este emirato (o pequeña ciudad-estado), miembro de los Emiratos Árabes Unidos, le debe muy poco a sus escasas reservas de crudo y gas natural. Parece ser que la relevancia de la ciudad desde hace siglos le viene por la extracción de perlas y la pesca, siendo el comercio su principal vocación y la que le ha llevado al lugar privilegiado que ocupa, ayudado por su situación geográfica estratégica a la puerta de uno de los estrechos con más tráfico marítimo del mundo y rodeado de países con algunos de los hombres con mayor poder adquisitivo del mundo.
Ya en la década de los 50 del siglo pasado desafiaron al mundo con un ambicioso proyecto que se hizo realidad: uno de los mejores puertos de la zona. Desde entonces siempre las grandes obras públicas (empezando por el gigantesco aeropuerto) han sido su seña de identidad por lo que era el país del mundo más proclive a embarcarse en una gran burbuja inmobiliaria como de hecho ha ocurrido. Es un país peculiar, primero porque es apenas una ciudad muy joven (hasta 1971 fue oficialmente un protectorado británico) con poco más de 2 millones de habitantes, la nacionalidad sólo se consigue si tus padres son de Dubai por lo que el 80% de la población es extranjera y de ellos la inmensa mayoría son obreros de la construcción, con lo que las diferencias sociales son gigantescas. Por otra parte, combina guiños liberales en su economía como los bajos impuestos con un intervencionismo típicamente soviético ya que son las empresas estatales las que dominan el mundo económico. Eso sí, como en muchos países de la zona, el estado se confunde con la familia dominante.
¿Cuál es el problema que asume Dubai? Recientemente (un jueves con la bolsa americana y las principales árabes cerradas, qué casualidad El Gobierno de Dubai asegura que la intervención de Dubai World fue “cuidadosamente planeada”), que el Estado había asegurado en reiteradas ocasiones que cumpliría las obligaciones de su deuda de 80.000 millones de dólares (unos 27 mil millones de euros financiados por bancos europeos) pese a la recesión y no lo ha hecho, anunciando una moratoria del 14 de diciembre al 30 de mayo de unas obligaciones por valor de 4000 millones de $ que debería abonar el holding estatal Dubai World. Esta empresa es tan grande (incluso tiene negocios en Reino Unido y según el FT lujosas propiedades en todo el mundo) y engloba tantos diferentes sectores (inmobiliario, industrial, comercial…) que se confunde con la propia solvencia del país. Como consecuencia, las agencias internacionales de evaluación de crédito y riesgo han rebajado la calificación de todas las empresas respaldadas por el gobierno de Dubai, como es habitual tarde ya que el quid de todo esto es la correcta gestión del riesgo: ¿Cuánto vale una gran construcción en mitad del desierto si nadie la visita? En ese condicional está la clave pero el sentido común –el menos común de los sentidos- nos dice que no parece lógico que el metro cuadrado de Dubai esté entre los más caros del mundo. Los inversores internacionales (sobre todo bancos británicos y sus clientes) se asustan ante esta situación y ocurre el típico efecto dominó: “Si Dubai no cumple, ¿quién será el siguiente?”, “¿No estaremos siendo demasiado optimistas?”, “¿no será mejor deshacer todas las posiciones de riesgo?”, “¿Y si teníamos razón cuando hace unos meses creíamos que el sistema financiero mundial podría caer?” etc. El dinero es muy cobarde, aunque la mayor parte de él sea conseguido muy barato del banco central de turno.
En cuanto al por qué se ha deteriorado tanto la situación en el emirato, la mayoría de los países han combatido esta crisis mundial con gasto público pero no han podido evitar que la iniciativa privada frenara sus inversiones. No es el caso de Dubai, como la inversión es estatal, lo que han hecho en medio de la explosión de la burbuja inmobiliaria a escala planetaria es seguir construyendo. Y seguir pidiendo dinero confiados en poder conseguir turistas y residentes que en el futuro rentabilicen toda la inversión. Dubai tuvo una transformación única en el mundo en las dos últimas décadas. Los proyectos, algunos en construcción y otros ya listos son sorprendentes pero aún lo son más sus expectativas ya que esperan 10 millones de turistas en 2010. Veamos algunos:
Durante siglos en Gran Bretaña al que era moroso se le condenaba con la cárcel hasta el pago de las deudas. Es obvio que dicho pago se entorpecía con la estancia en la cárcel, por lo que muchas condenas se transformaban en cadenas perpetuas. Peor era el Derecho Romano por el cual el deudor respondía como prenda de sus deudas con él mismo y su familia. La mayoría de romanos influyentes tenían en su propia residencia una cárcel donde encerraban por un máximo de 60 días a los morosos sujetos por una cadena de hierro y con alimentación reglamentada de tan sólo una libra de harina diaria. Si no se cumplía con la deuda tras ese encierro, el acreedor tenía derecho o bien a ejecutar directamente al deudor, o bien a llevarlo al mercado de esclavos. Y si el deudor lo era de varios acreedores se le podía descuartizar para “repartirlo”. Como vemos, el problema de la morosidad no es nuevo y últimamente se ha hecho tan habitual que apenas llamó la atención que se hiciera público que la tasa de morosidad de créditos hipotecarios en Estados Unidos y el porcentaje de préstamos que entraron en proceso de ejecución alcanzaron en el tercer trimestre sus máximos históricos. Y es que ya ha llegado allí la segunda oleada de problemas hipotecarios: esto empezó con las “subprime” o hipotecas que nunca debieron concederse pero ha continuado con las que sí debieron concederse pues los deudores eran personas solventes pero que han dejado de serlo por efecto del desempleo: el 33% de los nuevos embargos hipotecarios ejecutados el trimestre pasado son de lo que se denomina “hipotecas solventes” (frente al 22% hace un año), es decir, son compradores con un buen historial pero que han perdido su puesto de trabajo este año. Esta segunda oleada de morosidad ya ha provocado la intervención de 124 bancos (