Vigilando al vigilante
Muchas veces vemos en la prensa noticias acerca de que a un país le han quitado la calificación AAA y claro, muchos se preguntan ¿Qué es AAA?. La respuesta no es fácil, ya que son unas iniciales de lo más común, veamos que nos cuenta la wikipedia.
- Pila AAA, un tipo de batería eléctrica;
- aneurisma de aorta abdominal, una patología relacionada con la dilatación de la arteria aorta;
- sistema AAA, una categoría sistemas antiaéreos que no se basan en el uso de misiles;
- AAA: Attack All Around, un grupo de música japonés;
- Asistencia Asesoría y Administración, empresa mexicana de lucha libre profesional creada en 1992 por Antonio Peña;
- Acta Apostolica Sedis
- Autenticación, Autorización y Traceabilidad (Accounting), protocolo de seguridad en redes IP.
- Avance de la Apertura de Admisión, en los motores de combustión interna.
Además, es el nombre de varias asociaciones:
- Asociación de Aficionados a la Astronomía, asociación sin fines de lucro con sede en Montevideo, Uruguay;
- Asociación Argentina de Astronomía, una organización civil sin fines de lucro cuyo objetivo es promover el progreso de la Astronomía en la República Argentina;
- Asociación Atlética Avilesina, entidad polideportiva de la Villa de Avilés, en el Principado de Asturias (España);
- Asociación Argentina de Árbitros, ente gremial que agrupa a los árbitros de fútbol en Argentina;
- Asociación Argentina de Aeronavegantes, ente gremial que nuclea a los tripulantes de cabina de pasajeros y pilotos independientes;
- Asociación Argentina de Actores, ente gremial;
- American Automobile Association, una organización que provee servicios a automovilistas afiliados;
- Asociación Acuariófila Argentina, una asociación sin fines de lucro que promociona la Acuariología y los Recursos Hídricos;
- Asociación Asperger Argentina, una asociación de apoyo a las personas con síndrome de Asperger;
- Asociación Andaluza de Archiveros.
Y de algunos grupos anticomunistas:
- Alianza Anticomunista Argentina, una organización terrorista de ultraderecha que operó en Argentina la década de 1970;
- Alianza Americana Anticomunista, un grupo paramilitar de ultraderecha que operó en Colombia entre 1978 y 1979;
- Alianza Apostólica Anticomunista, un grupo terrorista neofascista español de fines de la década de 1970.
Me parece que nos quedamos como estábamos y ya sabemos que si no está en la Wikipedia es porque no existe. Así que hoy en vez de copiarla (y sin que sirva de precedente) esta vez será ella la que nos copie a nosotros, veamos de que se trata el AAA que tanto aparece en la prensa económica.
Las calificaciones de riesgo de crédito a largo plazo se llaman más comúnmente ratings a largo plazo. Se trata de una escala (Desde AAA hasta D) aplicable tanto a los ratings en moneda local como a los de divisas. Los ratings internacionales miden la capacidad de cumplir con las obligaciones en moneda local o en divisas. Vamos que de alguna manera nos indica la posibilidad de un país pague casi con total seguridad la deuda (AAA) o un impago inminente (D)
La definición deja bastantes dudas sobre el riesgo de una letra respecto a otra. ¿Hay mucha diferencia de un AAA a un AA+?. Veamos que nos contaba el otro día Droblo:
“La probabilidad de “default” (impago en romano paladín) de un AAA de gobierno es:
0,007599% a un año. Es decir un 99.9924010% de que pague.
0,09462434% a 5 años. Probabilidad de 99,90537566% de pagar.
0,3292975266667% a 10 años. Es decir un 99,6707024733333% de que pague.Qué pasa si pasamos a AA+:
Pues, que por ejemplo en 5 años, pasamos a una probabilidad de impago del 0,1190735566667%. ¡Oh Dios mio! Ahora la posibilidad de que me pague ha bajado al 99,8809264433333%, un 0,0244492166666999% menos que antes.Desgraciadamente las implicaciones de que le bajan de AAA a USA, UK o como ya le ha pasado a España son muchas.
Conclusión: el mundo se está jugando miles de millones de euros (y por consiguiente puestos de trabajo) a que los señores de las agencias de rating estimen la probabilidad de impago con 15 decimales
A lo cual añadimos otra pregunta, si las agencias de rating son las que vigilan la economía ¿Quién vigila a las agencias de rating?. Para ello recurro a un interesante artículo de The Washington Post que os resumo a continuación:
Algo que se aprende de los momentos de prosperidad y en los de recesión es la importancia de los guardianes, esos profesionales que deberían salvaguardar el sistema y mantener la honestidad de los mercados. Cuando se ven comprometidos o se hunden en su trabajo, la confianza se evapora y los mercados se colapsan.
Eso es lo que ocurrió durante la burbuja tecnológica de los años 90, cuando abogados, auditores y analistas de valores decidieron aprovechar el chollo y hacer oídos sordos a la estupidez y corrupción. Y también ha ocurrido durante la más reciente burbuja crediticia, cuando las agencias de calificación de riesgos fueron seducidas por los gruesos honorarios que recibían a cambio de dar la calificación “A” a cosas que difícilmente entendían. Incluso hoy, grandes partes del sombrío sistema bancario siguen sin funcionar porque los inversores y prestamistas siguen sin saber en quién, o en qué información, confiar.
Las agencias dominantes, Standard & Poor’s, Moody’s and Fitch, siguen afirmando que sus errores fueron más intelectuales que vinculados a la corrupción. No obstante, una investigación realizada el año pasado por la Securities and Exchange Commission – SEC (Comisión de Valores estadounidense) sugirió lo contrario. De tal modo, que las compañías ahora están intentando restablecer su reputación adoptando nuevas medidas para mejorar la fiabilidad de sus calificaciones. También han consentido en adoptar una serie de medidas sugeridas por la SEC y la Administración de Obama para aumentar el control del gobierno, prohibir la compra de calificaciones y proporcionar mayor transparencia al proceso de calificación.
Estos pasos son útiles y significativos, pero no van más allá. Permitirían preservar un modelo de negocio que pone a las agencias de forma irremisible en un conflicto entre los intereses de los bancos y las empresas que pagan sobradamente para que sus títulos sean calificados, y los inversores que confían en esas calificaciones al comprar los títulos. Pondrían en su sitio a un mercado oligopolístico caracterizado por el comportamiento “yo también” y la falta de competencia de los precios, y preservarían un escudo legal que ha impedido a los inversores demandar a las agencias por negligencia cuando emiten calificaciones que saben, o deberían saber, que no son correctas.
Llámenme ingenuo, pero me parece que la gente que hace uso de un bien o servicio debería también pagar por él. Es así como funciona en la mayoría de los mercados, y cuando no es así, el ámbito sanitario es un buen ejemplo, las cosas tienden a salir mal.
Solía funcionar así también en el negocio de la calificación crediticia, ya que los inversores pagan directamente por las calificaciones y análisis a través de algún tipo de acuerdo de suscripción, o de forma indirecta a través de sus corredores de bolsa. Pero empezando a mediados de los 70, siguiendo con varias quiebras destacadas, la gente decidió que era importante poner a disposición de todos los inversores las calificaciones crediticias de forma pública. Las empresas que emitían bonos empezaron a pagar por las calificaciones, y las agencias no tardaron mucho en darse cuenta de que era mejor para los negocios que sus calificaciones fueran un poco más elevadas y a sus analistas les costaba más emitir calificaciones más bajas. En aquel momento, las obligaciones de deuda garantizadas prosperaron, no era infrecuente que las agencias proporcionaran a los emisores consejos entre bastidores acerca de cómo estructurar sus nuevos productos para obtener las mejores calificaciones. Los intereses de las agencias calificadoras llegaron a estar perfectamente alineados con los emisores de títulos, más que con los que los compraban.
Está muy bien establecer reglas diseñadas para evitar este tipo de carreras hacia el precipicio, pero la historia sugiere que tienden a colapsarse en el preciso momento en que más se las necesitaba, cuando la burbuja está en su punto máximo y es necesario generar enormes cantidades de dinero. Por tanto, la mejor manera de impedir estos inevitables conflictos de interés, a mi modo de ver, es volver al modelo en el que los inversores pagan.
El enfoque de la Administración, por el contrario, parece centrarse en quitar a los inversores la costumbre de confiar en las calificaciones, de modo que se vean obligados a investigar más por su cuenta. Considero que no es algo realista. Los inversores quieren un conjunto de puntos de referencia común, que puedan utilizar para valorar el riesgo de los títulos, al igual que quieren un número limitado de agencias supervisadas por el gobierno que los califiquen. Ese número, no obstante, seguramente puede ser mayor que tres. Y debería haber sitio también para docenas de pequeños jugadores especializados en diferentes tipos de valores que debería poder competir con las tres grandes tanto en calidad como en precio. Hasta hace poco, la regulación del gobierno había sido una barrera para ese tipo de competencia advenediza. Se debería prestar mucha más atención a incentivarla.
Hasta el momento ninguna agencia de clasificación ha sido demandada con éxito por engañar a los inversores. Hace poco, la SEC dio el primer paso para hacer uso de sus poderes y exigir un poco de responsabilidad legal a las agencias de calificación, pero sería aún mejor una nueva legislación que aclarase que las agencias de calificación tienen la obligación fiduciaria de cuidado y lealtad a sus clientes inversores. Eso no significa que puedan ser demandadas en cualquier momento en que una inversión sale mal. Lo que significa es que deberían ser responsables si publican una calificación que saben que es engañosa después de dar los pasos razonables pertinentes para determinar que la información que se les ha proporcionado era correcta.
Tal cambio, por sentado, sólo sería aplicable a situaciones futuras. Para situaciones pasadas, la SEC debería unirse a los fiscales generales en demandas civiles contra las tres grandes con el fin de forzar la devolución de esos beneficios que ganaron calificando como AAA a basura que valía CCC durante la reciente burbuja. Así es como inversores engañados recuperaron cientos de millones de dólares de compañías de Wall Street, cuyos analistas habían contribuido a inflar la burbuja tecnológica y de las telecomunicaciones. Los inversores engañados con productos crediticios estructurados se merecen lo mismo.
Escrito por Carlos Lopez el 21 de Octubre de 2009 con
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Lo que tenemos por ahora son los siguientes hechos:
– Incipientes signos de reducción en el deterioro económico, y alguno de crecimiento, en diversos países. Débiles y por confirmarse en los próximos meses, una vez terminado el aluvión de dinero público, le queda la papeleta a la economía privada para sostener las cifras.
– Las autoridades están transmitiendo mensajes de confianza y optimismo, porque saben que ahora la pelota está en el tejado del consumo privado y las empresas. Hacen lo que tienen que hacer, porque no pueden hacer otra cosa. Si los agentes no reaccionan, puede que quede margen para un último cartucho de apoyo público, pero ya estaríamos en una situación muy delicada, con la confianza quebrada. Si a un par de meses de brotes verdes le sigue la espiral descendente, entonces ya veremos toda la traca (US dollar a freír puñetas, estallido del mercado de bonos, tipos reales a las nubes, quiebras en cadena,…).
– Por otra parte, seguimos teniendo cifras negativas, sobre todo en resultados empresariales, consumo privado, creación de empleo e inversión. El dilema que muchos tienen de por qué las bolsas siguen erre que erre, es que no son mercados, van a lo suyo, son un bingo en el que ya da todo igual, unido a la entrada de toda la pasta de renta fija (de la sartén al fuego).
– En España en particular, el sistema de provisiones bancarias anticíclicas del BdE ha demostrado su validez, es un hecho incuestionable. Nos ha permitido aguantar a las entidades durante los peores momentos (hasta ahora). Por el otro lado, la hemos cagado pero bien desperdiciando dicho tiempo, negando la mayor, y discutiendo la forma de la mesa de negociación. Pudiendo enfrentar nuestros mayores problemas con esta pequeña carta, la hemos desperdiciado, así que ahora estamos a los pies de los caballos. Lo que vaya a pasar en el resto del mundo, en España será n+1.
Yo no me atrevo a hacer previsiones, por la sencilla razón de que no tengo clara ni siquiera la posición de partida, lo que no quita discutir distintos escenarios como se está haciendo. Hay muy pocas cosas que se pueden extraer en claro a día de hoy, entre ellas:
– Estamos arruinados a nivel global, no hay que ser el economista jefe del BCE para comparar las cifras de pasivos y los activos que las respaldan. Todos lo sabemos, pero nadie quiere mentar la bicha, por lo tanto, nos queda…
– Confianza, al ser evidente nuestra ruina mundial, queda el recurso de mirar para otro lado, con CONFIANZA, y que todo el mundo se comporte como si no hubiera pasado nada, reanudar la actividad económica y guardar bajo la alfombra los muertos, que luego ya veremos cómo los enterramos.
– Por lo tanto, estamos en el momento de la verdad, las autoridades ya han hecho lo que tenían que hacer (chute de fondos públicos, discursos esperanzadores,…), nos toca a nosotros, consumidores y empresas, recoger el órdago y tirar para adelante. Por eso estamos en el momento de la verdad, nadie controla el mercado, eso es un mito, es algo demasiado grande y con demasiados agentes, puedes empujar un poco por algún lado, pero nada más. No puedes poner una pistola en la cabeza de cada americano y europeo para que salgan a consumir, ni en la de los empresarios para que inviertan.
En fin, el dilema está ahí, cada uno decide, unos optarán por seguir la consigna oficial, y otros por tomar riesgos, que caiga lo que tenga que caer, y ya veremos.
Lo que se está decidiendo es si le damos una prórroga al sistema capitalista transnacional, o lo dejamos caer, y que lo sustituya otro. Cada opción tiene sus riesgos, pero cada uno de nosotros es libre de decidir. Ninguna opción es reprochable, pues nadie está obligado a apoyar un sistema en el que no cree.
El que opte por la primera opción, que siga como si no pasara nada, trabajando y consumiendo, y a ser posible que apadrine a un promotor en breve, especialmente en España.
El que opte por la segunda, que cave la trinchera, consuma lo mínimo, pague sus deudas si las tiene, ahorre al máximo (fuera del circuito bancario, que jode más), y que invierta su tiempo en estudiar las alternativas al modelo actual que muchos están tratando de exponer. Los más avanzados podrán optar por tácticas más refinadas (economía B, elusión fiscal, migración a otro país con un modelo social y económico más atractivo,…)
La gente tiene que entender que tienen más poder de decisión sobre la economía del que creen, y eso implica ser responsable y consecuente con nuestras convicciones y las consecuencias que conllevan.
Vosotros decidís, nunca habéis tenido mejor oportunidad. Si creíais que estabais en manos de las transnacionales, es justamente al revés, las tenemos y bien pilladas por las pelotas, el capitalismo está a punto de morir de éxito, o le damos otra temporadita, para que monten la siguiente (commodities), y esa sí que va a doler.
Un saludo,
P.D. Si alguien tiene dudas sobre quién tiene pillado a quién, basta observar la que se ha montado con las marcas blancas o la gripe A.