Es impresionante la cantidad de libros que hay «para Dummies» (o su versión española que eran «para torpes») veamos alguno de ellos que nos podemos encontrar en Amazon:

- Vino para Dummies. Interesante, aunque en el fondo lo que todo el mundo necesita es «Resaca para Dummies».
- Sexo para Dummies. Posiblemente, sea la continuación del libro del vino si éste se tomó en compañía.
- Como reparar todo para Dummies. Siempre hay que saber reparar aquellas cosas que se rompen en el momento menos oportuno.
- Catolicismo para Dummies. Claro, que cuando no podemos reparar algo, a muchos lo único que les queda es rezar.
- Embarazo para Dummies. Y si rezar no sirve, a apechugar toca.
- Finanzas personales para Dummies. Un nuevo inquilino, destroza cualquier economía doméstica, quizás debería ser un capítulo dentro del embarazo.
Así que hoy, desde esta humilde bitácora, tras el capítulo de ayer dedicado a Adam Smith hoy aportamos un nuevo volumen a esta colección: «Keynes para Dummies«.
Para empezar, veamos la curiosa entrada que tienen de Keynes en «Liberalismo.org«.
John Maynard Keynes (1883-1946) ha sido el economista más influyente del siglo XX, para desgracia de buena parte de los habitantes de este planeta. Su teoría expuesta enTeoría general de la ocupación, el interés y el dinero, proponía el inflacionismo y el déficit público como solución de todos los males. Las consecuencias a largo plazo de dichas políticas (que él despreció con la despectiva frase «A la larga, todos muertos») fueron las inmensas deudas públicas que padecemos casi todos los países, casos de hiperinflacionismo, amén de otros males similares.
Como veis es, cuanto menos, un personaje polémico dentro de la historia económica y de los pocos capaces de levantar pasiones enfrentadas. Intentaremos ser neutrales y equidistantes a la hora de hablar de su teoría.
El núcleo de la teoría Keynesiana es el siguiente: si tu decides acumular algo de efectivo en lugar de gastárselo, los ingresos en el resto de la economía descienden exactamente en la misma cantidad, de modo que ello tiene una repercusión en sus ingresos. La recesión tiene lugar a continuación: un período en el que trabajamos y producimos menos de lo que nos gustaría, y, como consecuencia, nos pagan menos también.
Para mostrar gráficamente esta situación mientras simplificamos las cosas, digamos que hay sólo dos personas el mundo, tu y yo. Es una pequeña economía irreal, pero, como veremos, la lección básica es aplicable a economías de cualquier tamaño.
En este mundo, yo gano 100€ a la semana vendiéndote pan a 1€ la rebanada, y tu ganas 100€ a la semana vendiéndome chocolate a 1€ la tableta. Los ingresos totales de esta economía (su Producto Interior Bruto o PIB) son de 200€, que corresponden a 100 rebanadas de pan y 100 tabletas de chocolate.
Ahora digamos que un día decides ahorrar 20€ de sus 100€ y los guardas debajo del colchón. Como resultado, mis ingresos se reducen a 80€, y los ingresos totales de la economía son ahora 180€, mientras la economía produce 20 tabletas de chocolate menos que antes. La semana siguiente, yo sólo tengo 80€ para gastar, lo que significa que sus ingresos también se verán reducidos a 80€, y usted acabará comprándome menos rebanadas de pan.
Al final, los ingresos de ambos son inferiores, producimos y consumimos menos de nuestro potencial. Nuestra economía está en recesión.
¿Cómo se traslada esto a la economía real y mayor? Piense en mí y en ti como bloques de personas, en esencia, cuando demasiados individuos deciden guardarse efectivo al mismo tiempo, quizás porque se vuelven pesimistas sobre el futuro, se produce una recesión. Como Paul Krugman «un liberal keynesiano» lo comentó en su blog:
La clave de la contribución keynesiana fue su consciencia de que la preferencia de liquidez, el deseo de los individuos de guardarse activos monetarios, puede conducir a situaciones en las que la demanda efectiva no es suficiente para hacer uso de todos los recursos económicos.
Por tanto, así es como empieza una recesión. La pregunta es, ¿cómo podemos salir de ella?
Nuestra primera opción es no hacer nada. Si presta mucha atención a toda la historia que le he contado, se habrá dado cuenta de que a pesar de la disminución de la demanda (usted ahora sólo precisa de 80 rebanadas de pan en lugar de 100), yo he mantenido mi precio fijo en 1€ por rebanada. Pero yo podría querer venderte más pan porque yo podría tener entonces más ingresos. Al final, yo empezaré a bajar mis precios para poder volver a vender las 100 rebanadas que produzco.